Patrimonio Artístico

La Hermandad se encuentra establecida canónicamente en la capilla de la Soledad, edificio situado junto a la Parroquia de la Purísima Concepción. Consta de una sola nave y tiene cubierta de artesa con bóveda de naranja en el presbiterio, coro a los pies con arcos y columnas de mármol y baranda de hierro. Al exterior cuenta con media naranja con pináculos de cerámica y una espadaña ambas cosas en colores azul y blanco. El resto de dependencias o Casa Hermandad, se compone de una sala de exposición de enseres, una sala de juntas, patio y almacenes multiusos en los que se encuentran otros enseres y pasos. El retablo mayor de la Capilla está datado hacia el año 1760. De estilo rococó, cuenta con tres calles separadas por estípites, remate y hornacina. En la calle derecha se sitúa la imagen de San Sebastián, Copatrón de Gerena, del siglo XVI, y en la de la izquierda la talla anónima de un Resucitado de tamaño académico, datado en el siglo XVIII, con el que la Hermandad procesionó hasta 1989.

De La Virgen

Nuestra Señora de la Soledad Coronada figura en la calle central del retablo. Es una obra anónima Sevillana de la segunda mitad del siglo XVII. Parece ser que a finales del siglo XVIII fue retocada su encarnadura, según opina Hernández Díaz. A finales del siglo XIX, de acuerdo con las costumbres de la época, le fueron colocadas las lágrimas. Con ellas pocesionaba el Viernes Santo, mientras que el domingo de Resurrección y la festividad de la Asunción de la Virgen, se prescindía de ellas. En el año 1957 Francisco Buiza sustituyó sus manos, limpió la mascarilla y ejecutó un nuevo candelero. En la década de los 70 y posteriormente en el año 2004, D. Antonio Dubé de Luque, modificó la posición de la imagen en su candelero y limpió la mascarilla. Si hay un rasgo que distingue a Nuestra Señora de la Soledad es su extraordinaria belleza. Tanto es así que en la comarca es conocida como “la guapa”. Posee una mirada fija y penetrante, unas facciones de señalada finura, y un indescriptible rictus en sus cerrados labios, con una expresión entre el dolor contenido y la sonrisa. Tan sólo un ligero estrabismo en la mirada aporta una nota sufriente, con las cejas levemente arqueadas, el ceño sin fruncir y las mejillas sonrojadas. Finalmente un eminente carácter con tintes hieráticos que define la actitud de Mater Dolorosa, otorgándole una singular majestuosidad y elegancia. La Virgen de la Soledad prefigura la alegría pascual de la Resurrección. El día 1 de Septiembre de 1974 en nombre del Sr. Cardenal D. José María Bueno Monreal, su Obispo auxiliar D. Antonio Montero Moreno impuso Corona de oro a la imagen de Ntra. Sra. de la Soledad en solemne Eucaristía celebrada en la céntrica plaza de el pueblo de “La Cantina”. En el Año Santo Mariano de 1988, la imagen de la Virgen de la Soledad, elegida por el Arzobispo de Sevilla Fray Carlos Amigo Vallejo, estuvo con otras imágenes de las provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz en la exposición “Mater Dolorosa” que se celebro en el salón de actos de la Caja de Ahorros de San Fernando de Sevilla. El día 29 de Junio de 1999, festividad de los Santos Pedro y Pablo, el Señor Cardenal – Arzobispo de Sevilla Fray Carlos Amigo Vallejo, reconoció por decreto que la imposición de Corona del año 1974 se considera como Coronación Canónica. La advocación de la Virgen desde antiguo es de María Santísima de los Dolores en su Soledad, que con el tiempo se fue transformando pasándose a llamar Nuestra Señora de la Soledad hasta 1999 cuando tras el reconocimiento de aquella Coronación, como Canónica, se le añadió el título de Soledad Coronada.

Resto de Imaginería

En el lado del Evangelio de la Capilla se alza un altar con el misterio según San Juan, Noli me tangere, que se compone del Señor de la Paz en su Resurrección Gloriosa y María Magdalena. El Cristo es obra de Antonio Dubé de Luque y fue bendecido por el Párroco D. José Salguero Roldán, en la Parroquia de la villa, el 14 de octubre de 1989, viniendo a sustituir al Resucitado del retablo mayor. Este imaginero también talló la imagen de la Magdalena, cuya bendición tuvo lugar en octubre de 1990. El misterio que se completa en la salida Procesional con un olivo (además de un arcángel y una roca a modo de lápida que aún no están realizados), procesiona cada tres años. En el testero del Evangelio de la Capilla se halla una magnífica urna tallada y policromada, con ventanas de cristal y rodeándola, ocho angelitos con atributos de la Pasión, obra barroca de comienzos del siglo XVIII. En su interior reposa el Cristo Yacente del siglo XVI, con un claro estilo Gótico Tardío, según el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), que lo restauró en 1995 y 1996, y donde apareció en su interior la fecha de 1520. Antiguamente con esta imagen se celebraba la ceremonia del Descendimiento, para cuyo culto se trasladaba al altar mayor de la Parroquia, donde quedaba instalado con San Juan Evangelista y María Magdalena. Fue en los años 40 cuando dejó de celebrarse esta costumbre, debido al mal estado en que se hallaba la imagen. Actualmente posesiona los Sábado Santo. La Hermandad cuenta con otras imágenes de gran valor que no procesionan. Entre ellas tenemos que mencionar un Niño Jesús del circulo de Martínez Montañés, que en la actualidad tiene su vestidor particular, y ropajes que van desde la Bata de Niño o Monaguillo a Seise, pasando por Costalero o Nazareno; otro Niño Jesús sedente del siglo XVIII, con incrustaciones de nácar, potencias y bola de plata con inscripciones de indulgencias dadas por el cardenal don Francisco de Solís; un Niño Pastor de barro obra de Cristóbal Ramos; una María Magdalena obra de Leoncio Baglietto; San Juan Evangelista de autor desconocido; y dos pequeñas imágenes de Dolorosas de Escuela Granadina, entre otras.